La crisis de admisión en la UNAM acelera exigencias para eliminar los exámenes basados en memorización


Imagen ilustrativa sobre university admission exam classroom students

La crisis de exámenes en la UNAM reabre el debate sobre la eliminación de las pruebas basadas en la memorización ante el avance de la inteligencia artificial.

La grieta en el filtro universitario más grande de América Latina

El mecanismo con el que la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) selecciona a sus nuevos alumnos volvió a quedar expuesto esta semana. Los cuestionamientos al examen de ingreso a la máxima casa de estudios del país —una prueba masiva de opción múltiple diseñada para evaluar retención de datos en tiempo récord— escalaron de una simple queja administrativa a un debate sobre la validez de la educación tradicional. La polémica estalló tras conocerse irregularidades en el proceso de selección, lo que abrió la puerta a una discusión incómoda pero postergada durante décadas: ¿tiene sentido medir el talento académico exigiendo que miles de jóvenes memoricen fechas, nombres y fórmulas que cualquier teléfono inteligente procesa en una fracción de segundo?

La respuesta para especialistas en política educativa es tajante. El pedagogo colombiano Julián de Zubiría, una de las voces más influyentes en las reformas curriculares de la región, señala que lo ocurrido en la UNAM no es un hecho aislado ni una falla circunstancial de seguridad. Se trata, según su análisis, del colapso anunciado de un modelo pedagógico diseñado en el siglo XIX, mantenido durante el siglo XX y completamente inútil en el siglo XXI.

Lairrupción acelerada de las herramientas de inteligencia artificial generativa vino a dinamitar este esquema. Si un algoritmo puede resolver el examen de admisión de la UNAM en segundos y con una tasa de acierto superior a la de la inmensa mayoría de los aspirantes, el problema no es que los estudiantes usen tecnología o intenten eludir la vigilancia. El problema estructural es la naturaleza misma de lo que la universidad está evaluando.

El diagnóstico de Julián de Zubiría: la trampa de la retención memorística

Durante años, Julián de Zubiría ha encabezado la crítica contra la escuela enciclopédica en América Latina. Su postura plantea que los sistemas educativos regionales han confundido históricamente la acumulación de información con el verdadero aprendizaje. En entrevistas recientes a propósito de la crisis en la UNAM, el especialista advierte que la persistencia de exámenes basados en la memoria responde más a inercias burocráticas y presupuestarias que a un criterio pedagógico sólido.

El modelo tradicional operaba bajo una premisa simple: el conocimiento era escaso y los libros eran difíciles de consultar en tiempo real; por ende, el individuo instruido debía almacenar en su cabeza la mayor cantidad posible de datos. Bajo esa lógica, el examen de admisión a una universidad pública masiva servía como un filtro eficiente. Se medía la capacidad de respuesta rápida sobre un temario gigantesco y se asignaban los escasos lugares disponibles a quien cometiera menos errores de memoria.

Ese paradigma perdió sustento con la llegada de la era digital, pero la aparición de modelos de lenguaje avanzados terminó por destruir su legitimidad. Cuando la información está descentralizada y al alcance inmediato de cualquiera, exigir a un bachiller que memorice el año exacto de una batalla o la fórmula estricta de un compuesto químico para decidir su acceso a la educación superior constituye una distorsión institucional.

Para Zubiría, lo urgente no es instalar mejores inhibidores de señal en los sedes de examen ni desplegar operativos policiales para evitar trampas con dispositivos ocultos. La verdadera tarea consiste en rediseñar de fondo qué significa estar preparado para la universidad. Si la institución evalúa destrezas que una máquina ejecuta mejor y más rápido, la prueba deja de seleccionar a los mentes más capaces y pasa a premiar la capacidad de entrenamiento mecánico.

La economía política del examen estandarizado

Para entender por qué una institución del tamaño de la UNAM mantiene un examen de estas características, hay que mirar la infraestructura económica y administrativa que sostiene el sistema. La UNAM atiende a cientos de miles de estudiantes y recibe año con año a más de 200,000 aspirantes a nivel licenciatura que compiten por un margen reducido de cupos. Procesar esa masa de solicitantes mediante evaluaciones cualitativas, ensayos extensos o entrevistas personales requeriría un presupuesto estratosférico y una logística humana gigante.

El examen estandarizado de opción múltiple sobrevivió no por ser el mejor instrumento pedagógico, sino por ser el más barato, rápido y fácil de calificar de forma automatizada. Es una solución de ingeniería administrativa antes que de pedagogía. Además, durante décadas se vendió como el garante de la neutralidad y la objetividad: una hoja de respuestas leída por un escáner óptico no favorece a nadie por su origen social ni por recomendaciones políticas.

Sin embargo, esa supuesta objetividad esconde desigualdades profundas:

  • La industria del entrenamiento previo: Alrededor del examen de la UNAM existe un mercado millonario de escuelas privadas de regularización y cursos de preparación. Quienes tienen recursos económicos para pagar estos entrenamientos aprenden los trucos específicos del examen, memorizan los bancos de preguntas recurrentes y aumentan drásticamente sus probabilidades de ingreso.
  • Segregación del pensamiento crítico: Las escuelas secundarias y preparatorias públicas terminan adaptando sus planes de estudio no para enseñar a pensar, razonar o investigar, sino para preparar a los alumnos para pasar pruebas estandarizadas de opción múltiple. La evaluación condiciona la enseñanza.
  • La vulnerabilidad ante la tecnología: Un examen que solo requiere seleccionar la opción A, B, C o D es infinitamente más vulnerable al fraude tecnológico que una evaluación basada en el desarrollo de argumentos o la resolución de problemas inéditos.

El desafío insalvable de la inteligencia artificial

El uso de la inteligencia artificial en los procesos de evaluación no es una amenaza lejana; es una realidad instalada en los teléfonos móviles de todos los estudiantes. Los modelos de lenguaje actuales no solo recuerdan datos factuales con precisión matemática, sino que interpretan preguntas complejas de opción múltiple y descartan opciones distractoras en milisegundos.

Intentar blindar un examen memorístico frente a la tecnología es una batalla perdida de antemano para las autoridades universitarias. Con la miniaturización de audífonos, la integración de cámaras discretas y el acceso continuo a redes de datos, el costo de supervisar a miles de aspirantes congregados en sedes masivas crece de manera exponencial. Cada medida de seguridad que implementa la universidad es respondida, en cuestión de meses, por una nueva estrategia para eludirla.

El análisis de Zubiría enfatiza que insistir en la seguridad de un examen obsoleto es atacar el síntoma y no la enfermedad. Si la inteligencia artificial puede responder con efectividad el examen de la UNAM, significa que la prueba está midiendo competencias de muy bajo nivel cognitivo. La máquina no está engañando al sistema; está demostrando que el sistema mide capacidades repetitivas.

En un entorno donde las herramientas digitales redactan código, sintetizan documentos y procesan datos masivos, las habilidades que demanda el mercado laboral y la investigación científica son opuestas a la memorización pasiva. Se requiere capacidad analítica, pensamiento crítico, ética en el manejo de la información, creatividad para formular preguntas correctas y habilidad para trabajar en entornos multidisciplinarios. Ninguna de estas competencias se mide en la prueba actual de ingreso.

Rutas para una transformación urgente

Abandonar el modelo memorístico no significa eliminar los filtros de ingreso ni masificar las aulas sin control, una opción que pondría en riesgo la viabilidad financiera de las universidades públicas. Lo que proponen los especialistas es una transición hacia sistemas de evaluación integrales que consideren el desempeño histórico del estudiante y sus habilidades de razonamiento.

Existen modelos aplicados en otros países e instituciones que muestran alternativas viables:

1. Evaluación por competencias y pensamiento crítico

Reemplazar las preguntas de respuesta directa por casos de estudio, análisis de textos complejos, resolución de problemas lógicos y pruebas de redacción donde el aspirante deba argumentar una postura. Este tipo de evaluaciones exige que el estudiante procese, contraponga y aplique la información, tareas que revelan su verdadera capacidad cognitiva y que son mucho más difíciles de resolver mediante trampas simples.

2. Valoración del trayecto académico previo

Dar un peso ponderado determinante al desempeño acumulado durante el bachillerato, evaluando no solo el promedio general sino la consistencia del rendimiento y el contexto socioeducativo de la escuela de procedencia. Esto reduce la dependencia de un examen único realizado en un día de alta presión académica y emocional.

3. Incorporación de herramientas tecnológicas en el proceso

En lugar de prohibir la tecnología durante las evaluaciones, algunas instituciones avanzadas comienzan a diseñar pruebas donde el uso de internet y herramientas de inteligencia artificial está permitido, pero el examen evalúa el juicio crítico del estudiante para verificar la información, corregir alucinaciones del algoritmo y sintetizar soluciones originales.

El costo político de la inacción

Para la UNAM y el sistema de educación superior en México, el escándalo reciente representa una llamada de atención que rebasa lo administrativo. Mantener un filtro de admisión basado en la memoria en la era de la inteligencia artificial erosiona la legitimidad de la universidad pública. Cuando la sociedad percibe que el acceso a la educación superior depende de pruebas superadas por el entrenamiento mecánico o vulneradas por la tecnología, el pacto de movilidad social sobre el que se fundó la institución se rompe.

La resistencia al cambio es comprensible. Modificar la estructura de admisión de la universidad más grande de América Latina implica vencer inercias internas, reasignar presupuesto, capacitar a miles de evaluadores y enfrentar tensiones con los sindicatos y grupos políticos que gravitan alrededor del sistema educativo. Sin embargo, el costo de mantener la inercia es considerablemente mayor: seguir formando y seleccionando profesionales para un mundo que ya no existe.

El señalamiento de Julián de Zubiría sitúa el debate en su justa dimensión política y social. La crisis del examen de la UNAM no es un problema de fraude estudiantil ni de falta de rigor en la vigilancia. Es la prueba fehaciente de que el modelo educativo tradicional llegó a su límite. Si las universidades públicas de la región no adaptan sus criterios de evaluación a las exigencias de la era digital, corren el riesgo de volverse irrelevantes en la formación del talento que América Latina necesita para su desarrollo.

Fuente original: https://www.bbc.com/mundo/articles/c330rvm4xpzo?at_medium=RSS&at_campaign=rss


Este artículo fue generado y revisado por el equipo de NewsDuck.

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