Elmer Cuba anuncia medidas económicas clave desde el MEF que afectarán a trabajadores y empresas

Portada del artículo

by Vida Sana

El ministro Elmer Cuba anuncia medidas clave en el MEF: reforma tributaria, flexibilización laboral y ajuste fiscal. ¿Qué cambia para trabajadores y empresas?

Un nuevo rumbo económico en Perú: el MEF marca la agenda

El Perú no vive su mejor momento económico. La inflación persiste, el crecimiento se estanca y el descontento social acumula meses de tensión. En este contexto, el nombramiento de Elmer Cuba como ministro de Economía y Finanzas no pasa desapercibido. Su primera aparición pública al frente del MEF no fue para un discurso de intenciones, sino para presentar un paquete de medidas concretas que, según los expertos, podrían redefinir el panorama fiscal, laboral y empresarial del país en los próximos meses.

Lo que más ha llamado la atención no es tanto el qué se announce, sino el cómo. Cuba, un técnico con trayectoria en el BCR y el propio MEF, ha optado por un enfoque pragmático, alejado de los grandes eslóganes que suelen acompañar a este tipo de presentaciones. «Aquí no hay magia», le escucharon decir a más de un periodista en los pasillos del ministerio. Y es que, en un país donde la política económica suele oscilar entre el populismo y la ortodoxia, cualquier atisbo de realismo ya suena a novedad.

Las medidas: ¿qué cambia y para quién?

Aunque el MEF aún no ha publicado el texto oficial con todos los detalles, las filtraciones y las declaraciones de Cuba en rueda de prensa permiten trazar un primer mapa de las medidas anunciadas. Estas no son, como algunos esperaban, un plan de choque para reactivar el consumo o inyectar liquidez a las pymes. Más bien, se trata de ajustes estructurales que buscan ordenar la casa antes de pensar en crecer.

1. Reforma tributaria con enfoque en grandes contribuyentes

Una de las primeras apostillas fue la revisión del sistema tributario, pero con un matiz importante: no habrá subida generalizada de impuestos. En cambio, el MEF apunta a cerrar brechas en la recaudación, especialmente en sectores como la minería y la banca, donde las exoneraciones y los beneficios fiscales han sido un tema recurrente en los últimos años. «No es cuestán de gravar más, sino de gravar mejor», explicó Cuba, señalando que el objetivo es aumentar la recaudación sin asfixiar a las pymes ni al ciudadano de a pie.

Este enfoque ya ha generado reacciones encontradas. Mientras los gremios empresariales piden mesura, los sindicatos ven con recelo que se priorice a los grandes contribuyentes sin tocar a las clases medias. Lo cierto es que, en un país donde el 10% de las empresas aporta el 70% de los impuestos, la medida tiene sentido. Pero también riesgos: si no se comunican bien, podrían interpretarse como un ataque a los motores de la economía.

2. Flexibilización laboral: ¿más empleos o más precariedad?

El segundo gran eje es el mercado laboral. Cuba anunció una serie de cambios en la normativa para facilitar la contratación, especialmente en sectores como el agroexportador y la construcción. La idea es reducir los costos no salariales (como las aportaciones a Essalud o las indemnizaciones por despido) para incentivar la creación de empleo formal. «No podemos permitir que el 70% de los peruanos trabajen en la informalidad por culpa de un sistema rígido», argumentó.

Aquí el debate está servido. Los empresarios aplauden la medida, pero los sindicatos advierten de un posible retroceso en derechos laborales. Y no les falta razón: en países como Colombia o México, reformas similares han derivado en contratos más precarios y salarios a la baja. El reto de Cuba será demostrar que esta vez será diferente.

3. Ajuste fiscal: menos gasto, más eficiencia

El tercer pilar es el gasto público. El MEF ha dejado claro que no habrá recortes lineales, pero sí una revisión exhaustiva de los programas sociales y las partidas presupuestarias. «No se trata de recortar, sino de gastar bien», señaló el ministro. La idea es reasignar recursos hacia áreas con mayor impacto, como infraestructura o educación técnica, y eliminar duplicidades en los programas de ayuda social.

Este punto es, quizas, el más delicado. En un país con un Estado fragmentado y una burocracia elefantísica, la eficiencia no es solo una cuestión técnica, sino política. Si el gobierno no logra convencer a la ciudadanía de que los ahorros se traducirán en mejores servicios, el descontento podría crecer. Y en un año electoral, eso es dinamita pura.

El contexto: ¿por qué ahora y por qué Cuba?

Para entender el alcance de estas medidas, hay que mirar atrás. Perú lleva meses en una situación económica compleja. Tras el boom de la minería durante la década pasada, el país se enfrentó a una caida de las materias primas que expuso las debilidades de un modelo dependiente de las exportaciones. La pandemia agravó el cuadra, y aunque el BCR logró contener la inflación, el crecimiento sigue siendo anáemico: en 2023, el PBI creció solo un 0,6%, la cifra más baja en 14 años.

En este escenario, el gobierno de Dina Boluarte necesita urgentemente oxígeno. La aprobarión de la presidente ha caido a mínimos históricos (según Ipsos, solo el 15% de los peruanos aprueba su gestión), y las protestas sociales no dan tregua. Cuba, un técnico con experiencia en el sector público y el privado, llega al MEF con la misión de dar un giro a la política económica. Su perfil —alejado de la política partidista— le da un margen de maniobra que sus predecesores no tuvieran. Pero también le exige resultados rápidos.

Hay otro factor clave: el FMI. Aunque el Perú no tiene un programa de ajuste con el organismo, sus recomendaciones suelen ser una brújula para los gobiernos. En su último informe, el Fondo instó al país a «reforzar la consolidación fiscal» y a «mejorar la eficiencia del gasto público». Las medidas de Cuba parecen alineadas con este mensaje, lo que podría tranquilizar a los mercados. Pero también podría generar roces con sectores sociales que ven en el FMI un simbolo de las políticas de austeridad.

Los actores en juego: quién gana y quién pierde

No todas las medidas tendrán el mismo impacto. Mientras algunos sectores podrían salir beneficiados, otros veran cómo sus margenes se reducen.

Ganadores potenciales

Empresas exportadoras: La flexibilización laboral y la reducción de costos no salariales podrían dar un respiro a sectores como el agroexportador o la minería, que llevan meses pidiendo mayor competitividad.
Pymes formales: Aunque no serán el foco de la reforma tributaria, podrían beneficiarse de un sistema más eficiente y de un entorno macroeconómico más estable.
Inversores extranjeros: La señal de ortodoxia fiscal y el alineamiento con el FMI podrían atraer capitales en un contexto de incertidumbre global.

Perdedores potenciales

Trabajadores informales: Si la flexibilización laboral no va acompañada de políticas de formalización, podrían quedar en una situación aún más précaria.
Funcionarios públicos: La revisión del gasto podría traducirse en recortes de personal o en la eliminación de programas, lo que generaría resistencia en el sector.
Partidos de izquierda: Las medidas de Cuba, aunque técnicas, chocarán con la agenda de grupos como Nuévo Perú o el Frente Amplio, que piden mayor intervención estatal y protección social.

El futuro: entre la esperanza y el escepticismo

El gran interrogante es si estas medidas serán suficientes para sacudirse la desconfianza ciudadana. Perú es un país con una memoria larga, y los últimos años han dejado un regusto amargo: promesas incumplidas, escándalos de corrupción y una clase política que parece más preocupada por sus propias luchas que por el bienestar de la ciudadanía.

Cuba tiene a su favor el ser un técnico, no un político. Pero también en su contra: en un país donde la política se hace en la calle, la técnica sola no basta. Si no logra comunicar estas medidas de manera clara y transparente, el riesgo es que se perciban como más de lo mismo: ajustes que benefician a unos pocos y dejan a la mayoría en la misma situación de siempre.

Hay otro factor que no puede ignorarse: el tiempo. Las medidas anunciadas requieren meses, sino años, para mostrar resultados. Pero el reloj político corre en contra. Con elecciones generales en 2026 y un gobierno ya en modo campaña, el margen de maniobra es estrecho. Si la economía no reacciona a tiempo, el costo político podría ser alto.

En definitiva, el anuncio de Elmer Cuba no es solo un paquete de medidas económicas. Es un test de realidad para el Perú: ¿está el país preparado para dejar atrás el populismo y apostar por reformas estructurales? La respuesta, como siempre, está en las calles.


Este artículo fue generado y revisado por el equipo de NewsDuck.

Publicar un comentario

Artículo Anterior Artículo Siguiente

Popular Items