
by Vida Sana
Elmer Cuba, nuevo ministro de Finanzas en Perú, anuncia medidas clave para trabajadores, empresas y finanzas públicas. Análisis de su impacto.
El nuevo mineroducto: Las primeras jugadas de Cuba en el MEF
El tablero político peruano vuelve a moverse. Elmer Cuba, flamante ministro de Economía y Finanzas, ha desvelado sus primeras cartas: un paquete de medidas que, si se consolidan, redefinirán las reglas del juego para trabajadores, empresarios y el bolsillo del Estado. No es cualquier movimiento. En un país donde la economía ha sido el faro en medio de la tormenta política, cada decisión del MEF resuena en el mercado, en las calles y en los pasillos del Congreso.
Lo interesante no es solo el qué, sino el cómo. Cuba llega con el prestigio de haber sido viceministro de Hacienda y consultor del Banco Mundial, pero también con el lastre de un contexto económico que no perdona: inflación persistente, un sol que se resiste a recuperar terreno frente al dólar y un crecimiento que, según el BCE, se quedará en un 2.5% este año. No es la crisis de 2020, pero tampoco es el Perú de los superciclos.
¿Qué hay sobre la mesa?
El anuncio, hecho a través de Instagram, fue breve pero contundente: «Prioridades claras para el Perú». Cuba no desgranó el menú completo, pero sí dejó ver algunos platos. El primero, y quizá el más sensible, apunta a una reforma laboral que flexibilice las condiciones para la contratación en sectores clave. No es casualidad. Perú arrastra una productividad estancada desde hace una década, y los empresarios vienen pidiendo, a gritos, menos rigidez en el mercado de trabajo. Pero el sindicalismo ya ha empezado a agitar las banderas rojas: «No vamos a permitir que se precarice el empleo», advirtió este martes un portavoz de la CGTP.
El segundo frente es el fiscal. Cuba ha insinuado que revisará el sistema tributario para «equilibrar la carga entre quienes más tienen y quienes más necesitan». Traducción: podría haber ajustes en el impuesto a la renta para grandes contribuyentes, un tema que siempre despierta el lobby de las mineras y las financieras. Aquí el dato clave es que el Perú tiene una de las presiones fiscales más bajas de la región (15% del PIB, frente al 20-25% de Chile o Colombia), pero también una de las desigualdades más marcadas. El riesgo: que el ajuste ahuyente inversiones en un momento en que el país necesita atraer capital como el que no hay.
Y luego está el elefante en la habitación: el déficit fiscal. El año pasado cerró en 2.1% del PIB, pero las proyecciones para 2024 hablan de un 2.5%. Cuba ha prometido «contener el gasto improductivo», pero sin tocar partidas sociales. ¿Cómo? Ahí está el detalle. Si el MEF opta por recortes en obras públicas, los gobiernos regionales ya han avisado de que «no se van a quedar de brazos cruzados». Si, en cambio, apuesta por subir impuestos, el sector privado montará en cólera.
El contexto: Entre la herencia y el huracán político
Cuba no llega en un vacío. Hereda un MEF que, en los últimos meses, ha sido más reactivo que proactivo. Su predecesor, Alex Contreras, dejó un saldo agridulce: logró estabilizar las cuentas públicas después del bache de la pandemia, pero no logró impulsar las reformas estructurales que el Perú necesita para saltar al vagón del desarrollo. Y ahora el escenario es más complicado. El Congreso, fragmentado y con una oposición que no da tregua, puede tumbar cualquier iniciativa con un simple «no nos convence».
Además, hay un factor externo que no se puede ignorar: el precio de los commodities. El cobre, el oro y el zinc —los tres pilares de las exportaciones peruanas— han tenido un año volátil. Si la demanda china se resiente (y todo apunta a que lo hará en los próximos trimestres), el MEF tendrá que apretarse el cinturón. Cuba lo sabe. De hecho, en una entrevista en 2022 ya advirtió que «Perú no puede depender eternamente de los metales; hay que diversificar la canasta exportadora». Pero diversificar no es cosa de un día. Requiere infraestructura, educación y, sobre todo, tiempo.
Y luego está el tema de la confianza. Los últimos sondeos de la Cámara de Comercio de Lima muestran que el 62% de los empresarios ven con escepticismo las medidas que pueda tomar el nuevo gobierno. «El problema no es el MEF, es el ruido político», comenta un analista de Credicorp Capital bajo condición de anonimato. «Cada vez que sale un ministro nuevo, el mercado se pregunta: ¿cuánto durará?». Cuba, en ese sentido, tiene el reto de demostrar que su gestión no será otra más en la larga lista de titulares efímeros.
Los actores: Quién gana, quién pierde y quién se frota las manos
Empresarios: El sector privado, especialmente el minero y el financiero, ve con buenos ojos la llegada de Cuba. Es un técnico, no un político, y eso en Lima siempre suma puntos. Pero si las reformas laborales se traducen en menos derechos para los trabajadores, el conflicto está servido. La Sociedad Nacional de Industrias ya ha pedido «equilibrio». Traducción: que no se les vaya la mano.
Trabajadores: Los sindicatos están en pie de guerra. La CGTP ha convocado ya una mesa de diálogo con el MEF, pero el ambiente no es el mejor. «Si tocan las gratificaciones o las CTS, habrá movilizaciones», advierte un dirigente. Y en un país con una historia reciente de protestas masivas (recordemos el 2022-2023), el gobierno no puede permitirse otro frente abierto.
Gobiernos regionales: Aquí el tema es el dinero. Si el MEF recorta transferencias, los presidentes regionales saldrán a la calle. Y no son pocos: son 25. Además, muchos dependen de los canon minero y gasífero, que ya han caído un 12% en el primer trimestre del año.
Inversores extranjeros: El Perú sigue siendo un imán para el capital, pero la incertidumbre política es su talón de Aquiles. Cuba tendrá que enviar señales claras de estabilidad. Si logra aprobar una reforma tributaria sin espantar a las mineras (que representan el 10% del PIB), el mercado le dará un voto de confianza. Si no, el sol seguirá en caída libre.
El Futuro: ¿Reforma o parálisis?
Elmer Cuba tiene ante sí una encrucijada. Puede optar por el camino seguro: medidas cosméticas que no enfaden a nadie, pero que tampoco cambien nada. O puede arriesgarse a impulsar reformas de calado, sabiendo que cada paso le costará capital político. Lo cierto es que el tiempo no juega a su favor. Las elecciones municipales de octubre ya están en el horizonte, y en Lima nadie quiere ser el chivo expiatorio de la próxima crisis.
Hay un dato que pocos mencionan, pero que es clave: Cuba fue uno de los arquitectos del plan de reactivación económica post-pandemia. Y funcionó. El PIB creció un 13% en 2021, el mayor salto en 30 años. Pero ese crecimiento tenía patas cortas: se basó en el consumo interno y en el gasto público. Ahora el desafío es otro: cómo construir una economía más sólida, menos dependiente de los vaivenes externos y con un Estado más eficiente.
ElMEF, en los últimos años, ha sido un islandia en medio del caos político. Pero las islas también se hunden si el mar se embravece. Cuba lo sabe. Y por eso, en sus primeras declaraciones, ha sido cauto: «Vamos a priorizar lo priorizable». Traducción: no va a quemar etapas. Pero en un país como Perú, donde lo urgente siempre termina devorando a lo importante, el riesgo de quedarse a medio camino es alto.
Al final, el éxito o el fracaso de su gestión no se medirá en meses, sino en años. Pero el mercado no espera tanto. Y menos en un contexto global donde los vientos ya no soplan a favor. Si Cuba logra navegar entre el escollo de la inestabilidad política y el remolino de las demandas sociales, el Perú podría tener, por fin, un MEF a la altura de sus desafíos. Si no, será otro nombre más en la larga lista de ministros que prometieron mucho y lograron poco.
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